Imaginemos el final de una temporada excepcionalmente buena. Los informes financieros de un hotel boutique de lujo apuntan a un RevPAR históricamente alto. El ambiente en la dirección es eufórico, y las cifras parecen confirmar el acierto de la estrategia elegida. Sin embargo, cuando el balance neto final llega a la mesa, el entusiasmo cae de forma notoria. Resulta que el impresionante ingreso por el alquiler de habitaciones fue absorbido en buena parte por los costes ocultos de captación del huésped y por unos gastos operativos crecientes. Es una de las trampas más frecuentes del mundo de la high-end hospitality: la ilusión de una alta facturación, que enmascara con método la erosión del margen real.

La engañosa seguridad del indicador RevPAR

Muchos gestores siguen apoyando la evaluación del estado de un establecimiento casi únicamente en el RevPAR. Desde la perspectiva contable es un indicador sencillo y fácil de comparar con la competencia. Por desgracia, en el segmento del lujo resulta a veces extraordinariamente engañoso. El RevPAR mide únicamente el ingreso generado por las habitaciones disponibles, ignorando por completo los costes de distribución, de marketing y los gastos diarios, elevados, de mantenimiento de la infraestructura.

Si un hotel se apoya en buena medida en reservas procedentes de intermediarios (OTA), les cede no pocas veces una parte significativa de la cantidad obtenida en forma de comisión. Además, si el huésped llega atraído por una promoción general que rebaja el Average Daily Rate (ADR), indicador clave para el posicionamiento de la marca, la imagen del establecimiento puede sufrir a largo plazo. En los documentos comerciales el RevPAR sigue luciendo sólido, pero en las cuentas bancarias de los inversores queda apenas una fracción de ese valor.

Un desplazamiento de perspectiva en la era del GOPPAR

Para obtener una imagen nítida de la rentabilidad, las marcas hoteleras maduras se vuelven hacia el indicador Gross Operating Profit Per Available Room (GOPPAR). Recoge no solo el ingreso por el alojamiento en sí, considerado antes, sino que suma todos los ingresos por servicios adicionales —como la restauración, los tratamientos en zonas wellness o los traslados de lujo— y luego les resta todos los costes operativos generados.

El GOPPAR es la prueba de verdad definitiva sobre la flexibilidad operativa de un hotel. Muestra con claridad si un canal dado de captación de clientes aporta beneficio de verdad o solo una ocupación vacía. Centrarse en esa métrica de mercado anima a implantar estrategias nuevas: la prioridad pasa a ser bajar los costes ocultos de captación, así como un upselling discreto y elegante in situ, reflejo de la filosofía del quiet luxury.

Reducir los costes de captación y la fuerza de la independencia

Para elevar el GOPPAR de forma medible, los hoteles de prestigio buscan modos de minimizar las tarifas de intermediación. La solución está en maximizar la escala de las reservas directas. Eso exige, no obstante, implicar con inteligencia la atención de los propios visitantes. Los huéspedes graban sus viajes lo pida o no el establecimiento. El problema es que el User-Generated Content (UGC) nace sin luz, sin montaje y sin idea de encuadre, y lo que sale de ahí lo mira el siguiente huésped potencial.

Al invertir en el estándar cinematográfico, realizado por Odoardo Lens™, un hotel toma con sutileza el control del relato. Los huéspedes, guiados por la interfaz de un director oculto, crean planos fluidos y montados que usan el color grading. El resultado es un Curated Guest Content (CGC) refinado, que el hotel no publicará sin el consentimiento del huésped. Cada postal en vídeo compartida en la red va provista de un discreto botón de reserva, sin pasar por las OTA. Una reserva realizada por esa vía no está gravada con la comisión de un intermediario, así que todo el margen queda en el establecimiento.

La arquitectura digital y física del éxito

Defender la rentabilidad es también defender el propio territorio virtual. Los agregadores se posicionan con gusto sobre los nombres de hoteles conocidos. Una dirección de la cartera de Odoardo Space™, asignada en exclusiva a un establecimiento, no impide los anuncios comprados sobre el nombre del hotel, pero da a los huéspedes una puerta de entrada propia y reconocible, bajo la que nadie más se presenta; el mecanismo lo describe el texto Construir un monopolio digital en la red.

En los interiores del establecimiento, a su vez, de un GOPPAR más alto se ocupan soluciones físicas en las que la estética se encuentra con un estímulo comercial sin insistencia. El upselling de lujo no se apoya en folletos. Un microchip escondido en la madera por Odoardo Soul™ permite al huésped conocer la oferta entera con un solo acercamiento del teléfono; lo muestra el texto Una mesa inteligente en los restaurantes de alta cocina. El aporte constante de impresiones estéticas mediante el arte rotatorio de Odoardo Art™ respalda el argumento de un ADR alto, algo que desarrolla el material ¿Cómo subir el NPS de los huéspedes de un hotel?. En las zonas de club, en cambio, Odoardo Alibi™ facilita construir relaciones, elevando la posibilidad de un regreso directo del huésped la temporada siguiente.

La relación entre recuperar el margen y una innovación pensada la resume el creador del ecosistema Odoardo™:

«El RevPAR dice cuánto se logró vender. El GOPPAR dice cuánto quedó de ello. En la hotelería boutique, la diferencia entre esas dos cifras es a veces el tema de una conversación que una dirección prefiere no tener.»

dr hab. inż. Marcin Jamro

En última instancia, la medida del éxito de un hotel boutique no es la cantidad por la que se alquiló una habitación, sino cuánto queda de esa cantidad tras pagar el canal por el que llegó el huésped. La evolución de la mirada del RevPAR al GOPPAR es un paso natural y maduro para inversores que desean escalar un negocio con seguridad.

El manifiesto explica por qué contamos el beneficio y no la ocupación.